Muchas veces decimos “hablamos todo”, pero en realidad no siempre nos sentimos escuchados. ¿Qué pasa cuando la comunicación existe, pero la emoción queda afuera?
¿Hablamos o solo intercambiamos información?
A menudo escucho en consulta la frase: "Pero si nosotros lo hablamos todo". Sin embargo, existe una diferencia abismal entre emitir sonidos y lograr que el otro sienta lo que estamos viviendo.
La validación emocional es el primer paso para fortalecer el vínculo.
1. Comunicar no es juzgar
Comunicar emocionalmente es la capacidad de expresar nuestro mundo interno sin miedo a ser minimizados. Solemos hablar desde el enojo o el reproche porque son "escudos" más fáciles de portar. Pero detrás de un grito suele haber una tristeza no dicha, y detrás de un reproche, un miedo a la soledad.
2. La vulnerabilidad como puente
La clave reside en sustituir el ataque por la vulnerabilidad. No es lo mismo decir "Sos un desconsiderado" que decir: "Me dolió que no me avisaras porque me sentí poco importante para vos". Decir "esto me duele" o "necesito esto de vos" abre una puerta al entendimiento en lugar de levantar un muro de defensa.
3. Escuchar para entender, no para responder
El error más común es escuchar mientras preparamos nuestra defensa. La comunicación emocional requiere de la validación. Validar no es necesariamente estar de acuerdo con el otro, sino reconocer que su sentimiento es real y legítimo. Cuando la emoción es validada, la tensión baja automáticamente.
"Hablar desde lo que sentimos abre puentes donde antes había distancia. La comunicación emocional no resuelve todo, pero transforma la forma de vincularnos."
¡Quiero escucharte!
La comunicación emocional se entrena. Para empezar la interacción hoy, contame:
- ¿Qué es lo que más te cuesta expresar cuando estás enojado o triste?
- ¿Sientes que en tu familia se validan las emociones o se intentan ocultar?
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