¿Alguna vez te despertaste después de haber dormido ocho horas y, aun así, sentiste que no podías con el día? Esa sensación de "mochila pesada" que no se quita con una siesta tiene un nombre: cansancio emocional.
A diferencia del agotamiento físico, este tipo de cansancio no se aloja en los músculos, sino en nuestra capacidad de procesar lo que vivimos. Aparece cuando sostenemos situaciones que nos superan durante demasiado tiempo: el estrés laboral, las crisis personales o la autoexigencia constante.
¿Cómo identificarlo?
El cuerpo y la mente siempre nos hablan. Estas son algunas señales de alerta que no deberías ignorar:
- Irritabilidad: Sentís que tenés "poca mecha" y cualquier detalle te molesta.
- Apatía y falta de motivación: Cosas que antes disfrutabas ahora te resultan indiferentes.
- Sensación de desborde: Sentís que el mundo te pasa por arriba y no podés alcanzar el ritmo.
- Llanto fácil: Una sensibilidad a flor de piel ante situaciones mínimas.
Importante: Sentirse así no es una señal de debilidad ni de falta de voluntad. Es, sencillamente, tu mente pidiendo una pausa necesaria.
El riesgo de no frenar a tiempo
Ignorar estas señales puede derivar en cuadros de ansiedad, tristeza profunda o incluso síntomas físicos como dolores de cabeza crónicos y problemas digestivos.
Escuchar tu agotamiento a tiempo es un acto de fortaleza y autocuidado.
PSICÓLOGA SIOMARA GAUNA - ROSARIO DEL TALA
Si sentís que estás "cansado por dentro", recordá que no tenés que transitarlo solo. Frenar, respirar y buscar ayuda profesional es el primer paso para volver a ser vos mismo.

0 Comentarios